Guía 2026

Guía de una sesión de coaching en vivo

La estructura de una hora minuto a minuto, cinco aperturas que funcionan, cuatro ejercicios de escucha para practicar en directo y una plantilla que cabe en una hoja.

La respuesta corta

Una sesión que se va de las manos casi nunca falla en el medio: falla en los primeros veinte minutos. Si no se acuerda un foco explícito antes del minuto 20, la hora recorre cuatro temas y no cierra ninguno. Y si el cierre se deja para los últimos dos minutos, se deshace media sesión.

La estructura, minuto a minuto

Sobre una sesión de 60 minutos. Los tramos se pueden estirar o encoger, pero el orden y las proporciones son lo que sostiene la hora.

0 – 55 min
Aterrizar
Bajar el ritmo con el que llega la persona. Una pregunta corta que no sea sobre el problema. Sin este tramo, los primeros quince minutos se gastan en descargar la semana y llegas al trabajo con media hora.
5 – 1510 min
Revisar lo anterior
Qué acciones se completaron desde la última sesión, y qué impidió las que no. La segunda pregunta es la que importa: ahí suele estar el material real del día.
Si no hubo acciones acordadas la vez anterior, este tramo se convierte en «¿qué ha cambiado desde que hablamos?», y dura la mitad.
15 – 205 min
Acordar el foco
Una sola pregunta para hoy, dicha en voz alta y aceptada por la persona. Cinco minutos parecen muchos para esto y no lo son: es el tramo que decide si la sesión sirve.
«Entonces, lo que quieres resolver hoy es… ¿lo digo bien?»
20 – 5030 min
Trabajar
El bloque largo. Aquí entra el instrumento, la pregunta poderosa o el ejercicio, siempre al servicio del foco que acabáis de acordar. Media hora da para una herramienta bien hecha, no para tres a medias.
50 – 6010 min
Cerrar
Qué se lleva, qué hará antes de la próxima y con qué fecha. Diez minutos, no dos. Un cierre apurado convierte una buena hora en una conversación agradable que no cambia nada.
«De todo lo de hoy, ¿qué te llevas? ¿Y qué vas a hacer con eso antes de que nos veamos?»

Cinco aperturas que funcionan

Todas comparten dos cosas: se responden en menos de un minuto y no van directas al problema. Sirven para sacar a la persona del piloto automático con el que se conecta.

Una palabra
«Una sola palabra: ¿cómo llegas hoy?»
La restricción es lo que la hace funcionar. Obliga a elegir, y la palabra elegida suele volver más adelante en la sesión.
Del 1 al 10
«¿Con cuánta energía vienes hoy?»
Da un número comparable entre sesiones y avisa de si la hora aguanta un trabajo exigente o conviene algo más ligero.
Lo inesperado
«¿Qué ha pasado desde la última vez que te haya sorprendido?»
Rompe el guion de «bien, todo normal». Lo que sorprende es lo que no estaba previsto, y ahí suele haber tema.
Dos respiraciones
«Antes de empezar: dos respiraciones, sin decir nada.»
La que más incomoda al principio y la que mejor funciona con quien viene corriendo de otra reunión.
El encargo
«¿Qué necesitas que pase en esta hora?»
Directa, y adelanta el foco. Útil cuando la persona ya lleva varias sesiones y sabe usar el tiempo.
Cuándo no abrir
Si llega llorando o desbordada, no abras: escucha.
Una dinámica de apertura sobre alguien que ya está abierto es un obstáculo. La estructura está para servir a la persona, no al revés.

Cuatro ejercicios de escucha, para practicar en directo

No son ejercicios para el cliente: son para ti, durante la sesión. Se practican sin que la otra persona se entere.

El silencio de tres segundos

Cuando la persona termina de hablar, cuenta hasta tres antes de responder.

Qué pasa: casi siempre sigue hablando. Y lo que dice en esa segunda tanda suele ser lo que venía a decir. El silencio no es una técnica de presión: es dejar de interrumpir sin darse cuenta.
El reflejo literal

Devuelve sus palabras exactas, no tu resumen.

Por qué: cuando resumes, traduces a tu vocabulario y la persona valida tu versión sin darse cuenta. Repetir su palabra —la rara, la que le costó decir— hace que la escuche desde fuera.
La pregunta de una línea

Si tu pregunta ocupa más de una línea, no es una pregunta.

La señal: las preguntas largas casi siempre llevan la respuesta dentro. «¿No crees que quizá lo que pasa es que…» es una opinión con signo de interrogación al final.
Anotar después, no durante

Escribe cuando la persona termina un bloque, no mientras habla.

Por qué importa: escribir mientras habla parte la atención, y el cliente lo nota en la mirada. En videollamada se nota aún más, porque ve exactamente cuándo dejas de mirarle.

Estos cuatro son práctica, no herramienta. No hay software que escuche por ti. Lo único que puede hacer una plataforma es quitarte de encima lo que te distrae: que no tengas que buscar tus notas de la sesión anterior, ni pasar el ejercicio a limpio después.

La plantilla, en una hoja

Esto es lo que conviene tener delante. Cabe en media cara de folio y se rellena mientras hablas.

TramoQué anotas
AperturaLa palabra o el número con el que llegó
RevisiónAcciones cumplidas · las que no · qué lo impidió
FocoLa pregunta de hoy, tal como quedó dicha
TrabajoQué instrumento se usó · qué apareció que no esperabas
CierreQué se lleva · acción concreta · fecha
Para tiQué no preguntaste y te quedaste con ganas

La última fila no se comparte con nadie y es la más útil de todas: releerla antes de la sesión siguiente ahorra diez minutos de arranque.

Los cuatro errores que más cuestan

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Preguntas frecuentes

¿Cuánto debe durar una sesión?

Sesenta minutos funciona bien para un proceso 1:1. Con cuarenta y cinco se puede, recortando el bloque de trabajo pero nunca el cierre. Noventa solo tienen sentido en sesiones de arranque o con un instrumento largo.

¿Y si se alarga?

Si la hora se queda corta habitualmente, casi siempre es que el foco no se acuerda bien al principio. Alargar sobre la marcha entrena al cliente a esperar tiempo extra y desordena tu agenda.

¿Sirve esta estructura en videollamada?

Sí, y los tramos de apertura y cierre pesan más. En remoto se entra en frío y se corta de golpe, así que esos cinco y diez minutos son los que sostienen la sesión.

¿La primera sesión sigue el mismo guion?

No. La primera lleva contrato, expectativas, objetivos y encuadre, y el tramo de revisión no existe todavía. Suele necesitar noventa minutos.

¿Se puede usar con coaching de equipos?

La estructura aguanta, pero los tiempos cambian: la apertura se alarga porque hay que dar voz a todos, y el cierre necesita acuerdos por persona, no uno general.

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