Clientes, agenda, contratos, cobros y facturación en una sola cuenta. Y la parte que casi ninguna plataforma cubre: la sesión.
Un negocio de coaching tiene tres capas: la administración de alrededor, el trabajo dentro de la sesión y el seguimiento entre sesiones. La mayoría de plataformas cubren bien la primera y la tercera. La segunda es la que suele faltar, y es la única que tu cliente percibe. CoachPro Tools cubre las tres en una sola cuenta.
Si estás comparando opciones, ése es el criterio que separa unas de otras. Agenda, contratos y cobros los resuelven casi todas. Lo que cambia es qué pasa cuando el cliente está delante.
Lo que hace que el negocio funcione sin que tengas que perseguirlo.
Lo que ocurre mientras el cliente está contigo. Es lo que percibe y lo que recuerda.
Lo que sostiene el proceso cuando no estáis hablando.
Conectas tu propia cuenta de Stripe. El dinero va directo a tu cuenta y CoachPro Tools no se lleva comisión sobre lo que cobras. La plataforma no es intermediaria de tu dinero.
La facturación es real, no un generador de recibos: series y numeración propias, impuesto configurable con su nombre y porcentaje, estados de borrador, emitida y pagada, y anulación con el motivo registrado. Es lo que hace falta para que tu contable no te devuelva el trabajo.
Si lo que necesitas es vender formación grabada con lecciones, exámenes y certificados, esto no es un LMS y te va a quedar corto.
Y si trabajas solo en inglés, con una cartera grande, y no vas a usar herramientas en sesión, las plataformas administrativas del mercado anglosajón llevan más años en eso y tienen comunidades más grandes. Lo decimos porque comparar con honestidad es más útil que ganar todas las casillas de una tabla.
El error habitual es intentar mudarlo todo el mismo fin de semana. No hace falta, y además sale mal: acabas con medio negocio en cada sitio y sin saber dónde mirar.
El orden que funciona va de lo que menos duele a lo que más:
Cada paso funciona solo. Puedes quedarte en el uno tres semanas si te apetece, y nada se rompe por tener todavía la facturación fuera.
La agenda y la página pública de reserva, una tarde: elegir la duración de tus citas, tus horas disponibles y conectar el calendario. Los recordatorios automáticos se configuran una vez y ya no se tocan.
Las fichas de clientes dependen de cuántos activos tengas. Diez o quince es un rato; no hay que importar nada del pasado.
La facturación es lo que más atención pide, no por difícil sino porque hay que decidir cosas: qué serie usas, desde qué número empiezas, qué impuesto aplicas. Media hora bien pensada y luego se olvida.
La sesión no requiere configuración: abres la herramienta y la usas.
Sí, y mucha gente lo hace. No hay módulos que comprar por separado ni funciones apagadas: todo viene en el mismo plan, y usas lo que necesites.
Un coach que ya tiene una agenda que le gusta puede usar solo las herramientas de sesión y el informe. Otro que solo quiere ordenar el cobro puede usar la facturación y nada más. No se paga por módulo, así que dejar una parte sin usar no ahorra ni cuesta.
Lo que sí conviene saber: las piezas se refuerzan entre sí. La ficha del cliente recoge lo que sale de las sesiones, la factura sale de la cita, y el informe se guarda en su espacio. Usar solo una parte funciona, pero se pierde ese encadenado.
Nada, y ese es el punto. El precio no depende del número de clientes. Cuesta lo mismo con tres que con cincuenta, y no hay licencias por persona ni tramos que se disparan al sumar el cliente número once.
Es la diferencia más práctica frente a las plataformas que cobran por cliente activo: ahí, cada cliente nuevo mejora tus ingresos y empeora tu coste a la vez, y llega un punto en el que decides a quién no dar de alta para no subir de tramo. Esa decisión, aquí, no existe.
Lo que sí cambia al crecer es la organización: más citas en la agenda, más facturas en la serie, más fichas abiertas. Para eso está el panel.
No es un ERP ni una contabilidad. Emite tus facturas con serie, numeración e impuesto, pero no presenta tus impuestos ni sustituye a tu gestor.
No tiene app móvil nativa. Funciona en el navegador, también en el del móvil, pero no hay aplicación que instalar.
No tiene mensajería con el cliente dentro. Para hablar con él sigues usando tu correo o WhatsApp.
No tiene comunidad ni foro entre tus clientes. Cada proceso es individual o por grupo cerrado, no una red donde todos se ven.
No hace tu marketing. Tiene la página de reserva y el enlace público, pero no monta embudos ni envía campañas.
Quitándote del medio. Activas tu página pública de auto-reserva y compartes el enlace: el cliente ve tu disponibilidad y reserva solo, sin correos de ida y vuelta. La agenda se sincroniza con Google Calendar para que no haya solapamientos con lo que ya tienes fuera. Y la videollamada está integrada, así que no hay que crear ni pegar un enlace de reunión.
El montaje habitual son cinco o seis aplicaciones: agenda, notas de cliente, contratos, cobros, facturación y algo para trabajar en sesión. El coste no es solo la suma de las suscripciones: es que los datos no se hablan y hay que copiarlos a mano. Una sola cuenta lo resuelve, siempre que cubra las tres capas y no solo la administrativa.
Cada cliente tiene ficha, historial, workspace y timeline, así que al abrir la sesión ves lo que se trabajó antes. Lo que se completa en cada herramienta se guarda en el workspace de ese cliente. Cliente, sesión, acuerdo y factura quedan conectados, no en cuatro aplicaciones distintas.
Tres planes con el mismo núcleo: mensual a 30 USD al mes, anual a 157 USD al año y Lifetime a 297 USD en un pago único. Hay una prueba de 3 días que requiere tarjeta y empieza a cobrar el día 3 si no cancelas antes. Todos con garantía de devolución de 30 días.
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